Una botella al agua al Dios de los caracoles

Yo pensaba que de todos los caracoles el más famoso en Caibarién era el macao, dicen los pescadores que cuando ese caracol se le prende a uno hay que darle candela, por un lado que prefiero no decirlo, para que le suelte.

Pero el Santamareare  le ha dejado chiquito desde que un grupo de artistas del audiovisual villaclareño se le ocurrió ponerle el dichoso nombrecito a su festival.

Ahora el pequeño caracolito amarillo emula en popularidad hasta con el cangrejo de la tierra. Y menos mal que solo escogieron parte del nombre, porque, si artistas al fin, les da por ponerle el nombre con todos sus apellidos, provocaría un debate más grande que cuando Gabriel García Márquez lazó su famosa botella al agua al Dio de las palabras.

El extravagante caracolito, que de bobo no tiene ni una concha porque vive exclusivamente en la cayería nordeste de Caibarién, tiene por apellidos nada más y nada menos que Liguus fasciatus sanctamariae.

Y mire usted, aunque el programa del evento que se desarrolla en La Villa Blanca tiene magnificas propuestas, como talleres, conferencias, audición de programas radiales, presentación de libros y diversas actividades de vinculación con lo mejor y más autóctono de la cultura local, el nombrecito del caracolito se ha ganado el show, acaparando en cada edición del evento de la UNEAC la atención de los participantes y de los oyentes, que no dejan de preguntarse: por fin, Santamariare o Santamareare.

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